El test de detección multiorgánica enfocado a los cambios hormonales de esta etapa de la vida realiza un mapeo ampliado de la salud de la mujer. Mediante el cruce de 54 parámetros de sangre y orina con información personal, medidas corporales, signos vitales y hábitos de vida, permite explorar alteraciones hematológicas, cardiometabólicas, endocrinas, hepatobiliares y renales. Amplía el estudio del hierro, el metabolismo de la glucosa, las vitaminas y el balance hormonal para contextualizar factores relacionados con la salud ósea, la adiposidad abdominal y el bienestar en esta etapa.
Evaluación integral de alta resolución del sistema hematopoyético y la médula ósea. Mediante el análisis cruzado del hemograma, los índices eritrocitarios (VCM, HCM e IDH) y la dinámica del hierro (hierro, ferritina, transferrina y saturación de transferrina), el sistema permite orientar la valoración de anemias micro, normo o macrocíticas y anemias carenciales (ferropénicas o por déficit de B12 y folato), así como de patrones hematológicos asociados a procesos crónicos, hemólisis o rasgos genéticos como la talasemia menor.
Valoración de la respuesta inmunitaria innata y adaptativa. El desglose de la fórmula leucocitaria actúa como un indicador biológico que puede ofrecer indicios claros sobre infecciones bacterianas o víricas activas, agranulocitosis, respuestas alérgicas sistémicas, síndromes hipereosinofílicos de origen parasitario o estados de inmunosupresión.
Estudio ultraespecífico de las plaquetas y sus índices volumétricos (VPM y PDW) cuyos hallazgos permiten identificar de forma precoz estados de trombocitopenia (riesgo hemorrágico), destrucción autoinmune (PTI) o trombocitosis reactivas o esenciales.
Estratificación integral del riesgo cardiometabólico. Como punto de partida, el algoritmo procesa de forma combinada los índices antropométricos —analizando principalmente el índice de masa corporal (IMC / BMI), el índice cintura-cadera (WHR) y el índice cintura-altura (WHtR), junto a parámetros como la cintura hipertrigliceridémica (HTGW), el producto de acumulación de lípidos (LAP), el índice de adiposidad corporal (BAI), el índice de adiposidad visceral (VAI) y el índice de conicidad (CI)— con el perfil lipídico, la presión arterial y los hábitos de vida, cuando se dispone de los datos requeridos. Esta evaluación multiparamétrica permite orientar la valoración de un síndrome metabólico subyacente y contextualizar el riesgo cardiovascular.
Caracterización avanzada del riesgo aterosclerótico y la salud vascular. El test rastrea la carga aterogénica mediante el coeficiente aterogénico (AC), el índice aterogénico del plasma (AIP), los índices de riesgo de Castelli I y II y el índice triglicéridos/HDL-c (THI), calculados con los parámetros lipídicos disponibles. La apolipoproteína B, el colesterol no-HDL y el ratio LDL-c/Lp(a) amplían esta caracterización. Este abordaje facilita la valoración de dislipemias y alteraciones del metabolismo lipídico silenciosas.
Evaluación específica de la lipoproteína(a) [Lp(a)] como biomarcador genético e independiente de riesgo cardiovascular. Al estar determinada genéticamente y no responder a las intervenciones dietéticas habituales, valores elevados de Lp(a) sirven como indicador independiente que hace sospechar de un riesgo incrementado de aterosclerosis precoz, estenosis aórtica y eventos isquémicos o trombóticos, incluso en personas con niveles normales de colesterol LDL (LDL-c).
Valoración del metabolismo hidrocarbonado. La combinación de glucosa y hemoglobina glicosilada (HbA1c) permite anticipar el desarrollo de hipoglucemias o hiperglucemias, prediabetes, diabetes mellitus (tipos 1 y 2) o el riesgo de complicaciones metabólicas agudas.
Comprobación de la función pancreática endocrina y la dinámica insulínica. Mediante el análisis de la insulina basal y modelos matemáticos (HOMA-IR, HOMA-B, HOMA-S, QUICKI), el análisis permite medir de manera ultraespecífica la sensibilidad periférica y poner de manifiesto estados de hiperinsulinismo o resistencia a la insulina, alteración clave en el síndrome metabólico y la diabetes tipo 2.
Mapeo de la función glandular y sus bucles hormonales. El cruce de TSH y T4 libre permite detectar disfunciones tiroideas como hipotiroidismo o hipertiroidismo clínico (e incluso subclínico).
Evaluación del eje paratiroideo y metabolismo cálcico. El análisis de paratohormona intacta (PTHi), vitamina D, calcio, albúmina y fósforo permite orientar sobre alteraciones del metabolismo cálcico y del eje paratiroideo, incluyendo patrones compatibles con hipo o hiperparatiroidismo.
Balance hormonal y bienestar. La FSH, el estradiol, la prolactina, la testosterona y la SHBG amplían la información disponible sobre el balance hormonal, en relación con la edad, los síntomas, los tratamientos y la historia menstrual. Las vitaminas B12 y B9 permiten revisar posibles carencias que pueden contribuir al contexto de cambios de ánimo o dificultades de concentración. El estudio no pretende determinar si una mujer tiene o no la menopausia ni realizar una evaluación completa de su función hormonal.
Evaluación de la función hepatocelular, excreción biliar y despistaje de hepatopatías. El perfil enzimático (ALP, AST, ALT y GGT) permite orientar la valoración de procesos de colestasis y de alteraciones hepatocelulares de origen inflamatorio, metabólico o tóxico. Su lectura conjunta con la albúmina y el contexto metabólico contribuye al estudio de posibles hepatopatías.
Estratificación no invasiva de la salud hepática. El sistema integra índices y ratios calculables con los parámetros del perfil completo, junto con la edad, las medidas corporales, la presión arterial y los antecedentes requeridos. Según la disponibilidad de estos datos, permite explorar tres dimensiones clave:
- Acumulación grasa (NAFLD/MASLD): Evalúa patrones asociados a esteatosis mediante el índice de hígado graso (FLI), el índice de esteatosis hepática (HSI), la puntuación K-NAFLD, la puntuación de hígado graso (LFS), la puntuación NAFLD Logit (NLS) y la puntuación NAFLD Ridge (NRS).
- Esteatohepatitis (NASH/MASH): Orienta la valoración de patrones asociados a esteatohepatitis mediante el modelo acNASH, la puntuación FAT, la puntuación GHOLAM y la puntuación HAIR.
- Fibrosis y cirrosis subclínica: Estratifica el riesgo de fibrosis y de patrones compatibles con daño hepático avanzado mediante el índice ratio AST/plaquetas (APRI), las puntuaciones BAAT y BARD, FIB-4, FibroMeter, el índice de fibrosis de Forns (FFI) y la puntuación de fibrosis NAFLD (NFS).
Rastreo del árbol biliar. Un aumento coordinado de fosfatasa alcalina y GGT permite sospechar de procesos de colestasis o coledocolitiasis.
Integridad del tejido muscular estriado y evaluación de la masa magra. La evaluación del desgaste o pérdida muscular (sarcopenia) se orienta mediante el cálculo del cociente creatinina/cistatina C, un indicador indirecto relacionado con la masa muscular. Su interpretación se integra con las medidas corporales, la edad y los antecedentes clínicos.
Evaluación del remodelado óseo. La lectura de calcio, fósforo, fosfatasa alcalina (ALP), vitamina D y PTH permite explorar alteraciones del metabolismo mineral y del remodelado óseo, como el déficit de vitamina D y patrones compatibles con alteraciones de la mineralización. Estos resultados aportan contexto para la valoración de la salud ósea durante esta etapa.
Filtrado renal y función glomerular. La creatinina, la cistatina C y el cociente albúmina/creatinina (ACR) en orina permiten orientar la valoración del filtrado glomerular y de alteraciones de la excreción de albúmina. Su integración con los antecedentes y los resultados metabólicos ayuda a contextualizar posibles cambios de la función renal y patrones de daño renal.
Control hidroelectrolítico. La evaluación conjunta de sodio, potasio, calcio, albúmina y fósforo puede ofrecer indicios sobre desequilibrios electrolíticos y minerales. Su interpretación se relaciona con la función renal, los tratamientos y la información clínica para orientar la valoración de las alteraciones detectadas.